sábado, 10 de abril de 2010

Las cicatrices de la guerra de Bosnia


El 31 de marzo de 2010, el Parlamento de la República de Serbia, claramente dividido, votó una resolución en la cual reconoce y condena la masacre de unos 8000 hombres musulmanes bosnios, en Srebrenica, en el mes de julio de 2005. El debate fue duro y largo, duró más de doce horas y demostró que Serbia aún está dividida entre los que intentan hacer todo lo posible para acercar el país a la Unión Europea (encabezados por el actual presidente de la República, Boris Tadić), y quienes se obstinan en refugiarse en la nostalgia y se niegan a aceptar que Serbia ha perdido la batalla en todos los frentes. “Las dos almas de Serbia, la europeísta y modernizadora y la nacionalista y atávica, se han enfrentado esta semana en el Parlamento de Belgrado”, se lee en el editorial del diario El País del 2 de marzo. Los liberales piensan que esta resolución es poco contundente, mientras que los nacionalistas, que se ausentaron a la hora de las votaciones, consideran que Serbia se ha bajado vergonzosamente los pantalones y ha claudicado ante el resto del mundo. Estos nacionalistas radicales, entre los cuales aún hay una mayoría que reivindica la Gran Serbia y su preponderancia sobre los países vecinos, son “la otra Serbia”, la que estuvo al lado de Slobodan Milošević, la que permitió que Radovan Karadžić permaneciera escondido tantos años y la que impide que otro criminal de guerra, serbobosnio como el anterior, Ratko Mladić, no esté aún sometido a la justicia. La reconciliación entre estas dos Serbias parece, por ahora, imposible.


Estas cuestiones no son nada sencillas de analizar. La tímida resolución del Parlamento serbio es, sin duda, interesada y ha sido aprobada a pesar de las disensiones y el parecer de una parte importante de la opinión pública del país. En ningún momento se ha mencionado la palabra genocidio (que es como el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia definió la masacre de Srebrenica) y, por otra parte, continúa vigente la reivindicación del territorio de la actual República de Kosovo, cuya independencia el gobierno de Serbia se niega a reconocer. El transeúnte cree que en el imaginario de los serbios pesa mucho el mito, que los aleja de la realidad histórica de los últimos veinte años, y también la losa de un victimismo colectivo.


Pero ahora no se trata de juzgar esta decisión política más allá de lo que el transeúnte acaba de decir. Esta noticia viene a cuento para explicar una de las muchas crueldades que se cometieron en las guerras de la antigua Yugoslavia y una de las muchísimas cicatrices que quedaron de ella.



Después de su viaje a Bosnia y Herzegovina, durante el otoño de 2008, el transeúnte conoció en su exilio, en una ciudad mediana situada entre Lyon y los Alpes, a un joven bosnio musulmán que pudo huir de su país y encontró refugio en Francia. Se lo presentaron cuando se acercó, en un bar, a un grupo de hombres que hablaban serbocroata (permitid que el transeúnte utilice esta denominación para la lengua común de serbios, croatas, bosnios y montenegrinos, aunque ahora sea políticamente incorrecto), para intentar establecer conversación, como suele hacer cuando viaja, y les explicó que hacía poco había estado en Bosnia. En aquel grupo de hombres había serbios y croatas. Él era el único bosnio.


Aquel hombre, no muy alto, delgado y nervioso, agitado por diversos tics musculares, en un primer momento se mostró reticente ante la propuesta de hablar de su experiencia durante la guerra de Bosnia, pero de pronto se abrió, con la condición de que no se conociera su auténtico nombre. Se sentaron los dos en un rincón discreto del local, y él pidió al transeúnte que lo llamara Samir, en honor a su padre, que tenía ese nombre. Entre contracciones espasmódicas continuas y cambios repentinos de humor, que lo hacían pasar de la sonrisa a la agresividad (actitud característica de los ciclotímicos), explicó que trabajaba en una relojería, porque había aprendido el oficio de su padre desde que era pequeño, y que su padre había muerto cuando él tenía 16 años, asesinado por un par de soldados serbios borrachos en el patio de su casa, en una pequeña localidad de las cercanías de Sarajevo que no quiso precisar. Esto sucedió cuando el ejército popular yugoslavo (Jugoslavenska narodna armija, JNA, integrado exclusivamente por serbios y montenegrinos) intentaba tomar la ciudad de Sarajevo, a fines de marzo de 1992. Fue uno de los muchos asesinatos a sangre fría cometidos durante aquel horrible conflicto.


Poco a poco, Samir fue relatando lo que sucedió aquel día y durante los días sucesivos. El cuerpo de su padre, ensangrentado, quedó tendido en medio del patio a través del cual se accedía a la vivienda familiar. Desde que los militares enviados por Belgrado, con la venia tácita de las autoridades serbobosnias que, de hecho, habían constituido un gobierno títere que seguía al pie de la letra los dictámenes del régimen nacionalista y expansionista de Milošević, amenazaban la capital de Bosnia y Herzegovina, todo el mundo se había encerrado en su casa, excepto los partidarios de aquella invasión. La de Samir es una narración horripilante, hecha con constantes cambios de tono de voz e interrumpida por largos momentos de silencio. El transeúnte la reconstruye, procurando articularla, a partir de los apuntes que tomó aquella misma noche del mes de enero de 2009:

Cuando oímos los tiros y vimos por la ventana que mi padre yacía en el suelo, mi madre y yo salimos corriendo al patio, mientras mi hermana pequeña sufría un ataque de nervios y chillaba, paralizada. Estábamos a medio camino entre la puerta de casa y el cuerpo de mi padre, y de repente los soldados comenzaron a disparar al aire, entre carcajadas y muecas: “¡Quietos! ¡Media vuelta y a casa!”, nos ordenaron, añadiendo una blasfemia. Mi madre, temblorosa y atemorizada, se detuvo; yo seguí avanzando, y uno de los soldados me apuntó con el fusil, desvió un poco el punto de mira y disparó contra una de las ventanas de casa, haciéndola añicos y rompiendo el vidrio. “¿No lo has oído, hijo de guarra? ¡Venga, a casa o tú serás el siguiente!”

La rabia me carcomía por dentro, habría hecho una locura si mi madre no me hubiera agarrado por la camisa y me hubiera arrastrado hacia casa con una fuerza que no sé de dónde sacó. Yo no sabía si mi padre estaba muerto o sólo herido. Pero mi madre lo tenía bastante claro. Mientras tanto se habían agolpado más soldados en la puerta del patio.


En casa nuestra impotencia nos hizo estallar en llantos desesperados. Desde afuera se oían las carcajadas y las burlas de los soldados, sus insultos y amenazas, entre las cuales hacían la broma de apostar quién de ellos sería el primero en violar a mi hermana; uno dijo: “¡Y a la mujer también!”, y otro, que no podía parar de reír, le replicó al cabo de un momento: “¿No te daría asco follarte a una cerda asquerosa como ésa?”. No queríamos oír todo aquello, yo tenía la sensación de vivir una pesadilla, pensaba que me despertaría sudado y corroído por la angustia… Pero aquello sólo fue el comienzo de una pesadilla mucho más larga.


El francés mal aprendido de Samir hacía difícil la comprensión de algunas de las cosas que decía, sobre todo cuando se excitaba. De vez en cuando mezclaba palabras en su lengua, pero el contexto permitía adivinar qué quería decir. Entonces explicó que aquellos soldados les ordenaron que no salieran de casa por ningún motivo, que se consideraran “prisioneros”.


Al cabo de un rato se marcharon y dejaron a uno solo para vigilarnos, pero más tarde llegaron dos más, que no parecían borrachos, pero que también nos maldijeron como “cerdos musulmanes” y nos pronosticaron que sufriríamos mucho. Y fue cierto, porque el cadáver de mi padre quedó diez días tendido en medio del patio, mirando hacia el cielo, en medio de su sangre reseca, descubierto, mientras se descomponía. Yo no podía dejar de mirar a través de la ventana, y lo veía allí. Al día siguiente de su asesinato llovió y el cuerpo quedó empapado, la sangre medio se licuó. Los soldados nos vigilaban noche y día; a veces los veíamos, otras no. Cuando yo miraba por la ventana me hacían gestos obscenos y reían.


El tercer día, al atardecer, dos de los soldados entraron en el patio, metieron en la boca de mi padre una cola de cerdo, y entre los muslos, a la altura de los genitales, le colocaron una zanahoria. Reían como adolescentes tontos y no paraban de hacer muecas y vociferar obscenidades mirando y señalando el cadáver de mi padre, y mirándome a mí, plantado detrás de la ventana. Yo era el único que se atrevía a mirar por la ventana. Mi madre se quedó en la cama mientras duró lo que para aquellos militares parecía una divertida broma macabra. Mi hermana perdió el habla, y aún hoy no la ha recuperado. Parecía muerta en vida, pálida e inmóvil. Ninguno de los tres comió nada mientras duró aquello, sólo bebíamos agua y zumos de fruta que teníamos en la nevera. Tampoco encendimos el televisor, no sabíamos qué pasaba realmente, pero tanto daba, ya que las informaciones procedían siempre de Belgrado.


¡Diez días con el cadáver de mi padre en el patio! Por mi mente pasaron ideas que prefiero no recordar. Al cabo de diez días llegaron dos hombres de civil y retiraron el cuerpo de mi padre, se lo llevaron. Los soldados habían desaparecido. Salí al patio, pregunté adónde llevarían el cuerpo. Uno, ni tan sólo me miró; el otro se encogió de hombros y no pronunció ni una palabra. Trasladaron el cuerpo de mi padre en una camilla muy sucia, llena de manchas oscuras de sangre reseca y otros humores, hasta una camioneta tronada; les costó arrancarla, y se marcharon. Nunca hemos sabido qué hicieron con el cuerpo de mi padre.


Pocos días más tarde, cuando mi madre y mi hermana se habían recuperado un poco, les dije que debíamos marcharnos. Mientras tanto había comenzado el sitio de Sarajevo, desde casa oíamos, a lo lejos, las explosiones y los tiros, veíamos pasar los aviones. Un día, de madrugada, recogimos unas cuantas cosas esenciales y fuimos hasta el pueblo de al lado, donde vivía otro relojero que había sido amigo de mi padre. Nadie nos detuvo por el camino, no vimos a ningún soldado. Estábamos en un territorio que ahora pertenece a la República Srpska. Aquella familia nos acogió, lloró con nosotros, estuvimos en su casa tres días y medio. A ellos no les había pasado nada, aunque eran musulmanes. Después, cuando ya estábamos en Francia, supimos que los habían asesinado…


Otro largo silencio.


Nos marchamos cuando oscurecía. Nos aconsejaron que fuéramos hacia Goražde [al este de Sarajevo], donde tenían parientes: nos dieron sus señas y una carta para ellos. Nos dijeron que aquella ciudad no había sido ocupada por la Armija. Caminamos durante más de tres días, extenuados. Mi madre no quería continuar, tenía los pies llagados. Mi hermana, de doce años, de golpe se reanimó, ¡creció de repente!, era más fuerte y más tenaz que yo…, pero era incapaz de hablar, nunca ha recuperado el habla, ahora está en un hospital, sometida a tratamiento psiquiátrico. Entre los dos tuvimos que arrastrar a nuestra madre, que lloraba, gemía, nos pedía que la abandonásemos, que Alá ya haría que tuviera una muerte dulce.


Pero no llegamos a Goražde. Por el camino tropezamos con una columna de vehículos blindados con soldados extranjeros
[se refiere, probablemente, a los soldados de la UNPROFOR (United Nations Protection Force), una fuerza de protección instituida por el Consejo de Seguridad de la ONU muy poco antes, hacia febrero de 1992, con el propósito de “crear las condiciones de paz y seguridad necesarias para solucionar la crisis yugoslava”]. Yo me expresaba muy mal en inglés, mi hermana lo conocía bastante mejor, y como no podía hablar escribió en un papel que le dieron los extranjeros cuál era nuestra situación. Gracias a aquellos soldados pudimos salir de Bosnia y llegar a Francia, donde fuimos acogidos como refugiados. Después todo fue bastante fácil. Pero mi madre no se recuperó, murió hace diez meses. ¡Aún era joven, tenía 55 años, pero parecía que tuviera más de 80! Había perdido todos los dientes, el cabello, la piel se le había oscurecido y estaba llena de ampollas…


El transeúnte preguntó a Samir cuáles eran sus sentimientos; él se alteró un poco, levantó la voz y dijo:

¡Yo no quiero odiar! Yo no quiero ser como los que mataron a mi padre, porque ellos lo hicieron con odio. Yo no quiero odiar a nadie, tampoco a los serbios. Quiero que mi país vuelva a ser como antes de la guerra, pero todo el mundo dice que eso será imposible. Pues entonces no volveré nunca más. Pero yo no odio a nadie, no quiero odiar, quiero ser una persona respetable, un buen trabajador, y aquí puedo serlo, aquí las cosas son fáciles. Quiero que mi hermana pueda volver a hablar, los médicos dicen que volverá a hablar, ella está segura de que lo conseguirá, y también podrá trabajar y encontrar un marido.


Y cuando el transeúnte le preguntó si él también había necesitado ayuda psicológica, lo miró fijamente a los ojos y le respondió, ofendido:


¿Crees que después de lo que ha pasado necesito un psicólogo? ¡No, yo he salido adelante, yo he sido fuerte, he sido valiente, no odio a nadie, no tengo rencores, no necesito que me curen de nada! Has visto que estoy con camaradas yugoslavos, serbios, croatas… No los odio, somos amigos. ¡Yo no odio a nadie, no quiero odiar a nadie!


Era evidente que Samir necesitaba, y mucho, asistencia psicológica. El transeúnte no ha vuelto a saber nada de él, que no quiso dejarle ninguna dirección, ningún número de teléfono, ni tan sólo le dijo cuál era su auténtico nombre. Tampoco le permitió que lo fotografiara. De pronto se levantó de la silla, encajó con fuerza la mano del transeúnte y salió rápidamente del bar, se perdió por las calles de la ciudad cuando ya oscurecía. Habían compartido unas cervezas mientras hablaban. Como muchísimos otros musulmanes de Bosnia y Herzegovina, Samir no era un musulmán practicante: el islamismo, para él, era un signo de identidad, como el judaísmo lo es para la mayoría de los judíos que se consideran ateos.




Las guerras acaban casi siempre sin haber resuelto los problemas, como es el caso de la de Bosnia, pero dejan cicatrices profundas en los que las han vivido; unas cicatrices que permanecerán para siempre jamás en su espíritu, porque son indelebles.


Fotografías (clicad encima para ampliarlas):

-Arriba, cartel con un mapa del sitio de Sarajevo.

-Abajo, dos imágenes que muestran las cicatrices que dejó la guerra en Jajce (Bosnia central).


© de las fotografías: Albert Lázaro-Tinaut (octubre de 2008).


Traducción del catalán: Carlos Vitale.

55 comentarios:

Anónimo dijo...

Palestino soy.Luego viaje a espania.

los hamas son los asesinos mayores.estas personas

que cuentaspasan parecido.vivir en un pais sinpais.

guerras no es siempre se ve.samil.b.j.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Grcias por tu comentario, Samil. Es cierto que en Bosnia existe una situación que, en cierto modo, se podría comparar a la de Palestina: es un Estado dividido, lo cual no resuelve fácilmente las cosas.
Un saludo cordial.

Fujur dijo...

Sin lugar a dudas, todo nacionalismo es una lacra, un crimen ideológico en sí mismo. Si a eso se le une una suma de intereses geopolíticos desde el exterior... ya tenemos la guerra de Yugoslavia! Algún día hablarán sobre Alemania y el Vaticano, y lo mucho que tuvieron que ver con la guerra!

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Todas las guerras suelen ser fruto de nacionalismos radicales (y expansionistas, en los casos de la Alemania nazi, del Japón y de Serbia, por ejemplo, pero también en los de los Estados Unidos en su expansión hacia el Oeste y de Rusia en la suya hacia el Este y el Cáucaso, por no hablar del colonialismo) o de intereses económicos. Por supuesto, luego entran el juego otros intereses, estratégicos, religiosos, etc. En el caso de la ex Yugoslavia el juego fue a múltiples bandas por una gran diversidad de intereses y partidismos..., pero eso, a las víctimas, les importa muy poco, porque ellas y sus familias pagaron muy caros los platos rotos de la política internacional.
Gracias, Fujur, por tu comentario.

Pablo dijo...

Excelente entrada Albert, como siempre.

Justamente yo tambien escribi esta semana en mi blog ( http://tucumanoinlondon.blogspot.com ) sobre los 28 anos de la guerra de Malvinas.

Mi hermano hizo un comentario que me parecio muy bueno :

"HAY DOS COSAS QUE SON INFINITAS, EL UNIVERSO Y LA ESTUPIDEZ HUMANA, Y DEL UNIVERSO TENGO MIS DUDAS"
Albert Einstein

Un placer, como siempre, visitar tu bitacora.

Saludos,

Pablo

achab dijo...

Ciao Albert,brutta storia,ricordo molto bene le immagini di questo massacro viste in tv.
Buona domenica.

Silvina Duprat dijo...

Que terrible lo que puede hacer un ser humano a otro,qué manera de interferir en su destino para siempre...Es muy duro lo que publicaste, se me cayeron las lágrimas leyendo!!! gracias por publicarlo:::Besos!

Lola dijo...

Estremecedor el relato. Gracias por tu entrada. Un beso

Ernesto Ugarte dijo...

Estimado:

Gracias por invitarme a su entrada. Muy pero muy bueno, realista, contundente. Lo mejor que leí en el día.
Esto ha sido maravilloso:

¿Crees que después de lo que ha pasado necesito un psicólogo? ¡No, yo he salido adelante, yo he sido fuerte, he sido valiente, no odio a nadie, no tengo rencores, no necesito que me curen de nada! Has visto que estoy con camaradas yugoslavos, serbios, croatas… No los odio, somos amigos. ¡Yo no odio a nadie, no quiero odiar a nadie!

Gracias! Ernesto.

Maria Bonfá dijo...

um relato impressionante. me deixou sem ação. que tristeza tanta maldade a um ser humano.sempre me pergunto.. os animais são irracionais? e os humanos racionais ? onde? fico revoltada por ver tanta tragedia sem um motivo .. um abraço

Susan dijo...

Hace un rato he imprimido tu crónica para leerla, y la he leído una segunda vez. He tratado de ubicarme en aquellas fechas en que los genocidas camparon a sus anchas en la antigua Yugoslavia, y sólo recuerdo los JJ OO de Barcelona y mi estancia en Margate, en el Reino Unido. Esto viene a cuento porque a veces me he preguntado cómo los alemanes no conocían de la existencia de los campos nazis de exterminio a los judíos. Bueno, eso queda muy atrás en la historia de Europa y del s. XX - me contestaba. Pero lo de Serbia, lo de los musulmanes, me pilló siendo adulta y a unos miles de kilómetros al este.
Tal vez leer el horror ocurrido a una persona concreta, Samir y su familia, sea como poner cara a las frías cifras y a las estadísticas. Y las caras no se olvidan, ni se olvida lo que esos ojos tuvieron que ver, y llega muy hondo lo que el transeúnte nos ha transmitido. No hemos cambiado, ¿de qué sirvió el Holocausto y ese afán de no repetirlo? ¿Por qué no se evitó aquella masacre inminente en los '90? Son preguntas retoricas, está muy claro. Las cicatrices de esas pobres gentes como Samir y su hermana; dos supervivientes, quedan en su alma y en su equilibrio psíquico por siempre.

Gracias Albert por lo que has compartido, demuestra una gran humanidad y maestría.
Un abrazo fuerte.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios.

PABLO: La estupidez es una de las mayores lacras de la sociedad, la que suele provocar todos los daños, todos los conflictos, la enemiga de la convivencia y la amiga inseparable de la ambición. Todo esto se ha repetido muchas veces, por activa y por pasiva..., pero no ha servido para nada.

ACHAB: Certo, le immagini viste alla televisione ci hanno colpito molto negli anni '90, ma ti assicuro che ne ho visto molte di più dure durante in mio soggiorno in Bosnia, dei filmati e delle fotografie che non potrebbero farsi vedere alla TV perché ferirebbero la sensibilità di molte persone. Gli assassini, però, hanno visto quegli episodi con i loro occhi, ma siccome non hanno sensibilità, si sono contentati di ridere come stupidi davanti al dolore degli altri. Alcuni pagheranno per quello che hanno fatto; altri, purtroppo, no.

SILVINA: Sí, es muy duro. Llevaba esa historia dentro desde hace más de un año, tenía que explicarla, y el reconocimiento de la masacre de Srebrenica por parte del gobierno serbio me ha proporcionado la oportunidad de hacerlo en esta bitácora. Te aseguro que aquella noche en Francia, después de tomar mis notas, no pude dormir.

LOLA: La crueldad nos estremece cuando conocemos algún caso concreto, como éste, pero no hemos de olvidar que se da todos los días en todo el mundo: tortura física o psicológica (como la de este muchacho), violaciones, abusos, situaciones de terror, violencia de todo tipo, incluida la doméstica...

ERNESTO: En primer lugar, sé bienvenido a esta bitácora. He necesitado contar esta tragedia personal con toda la crudeza con que me fue relatada aunque, como es lógico, dándole forma, aunque no añadiendo ficción: todo lo que se puede leer forma parte del testimonio de ese hombre, cuya vida se convirtió a los 16 años en una tortura permanente, pese a su negativa a seguir un tratamiento psiquiátrico o psicológico. ¡Tremendo!

MARIA: Bienvenida tú también entre los lectores de esta bitácora. La racionalidad es algo bastante ambiguo: hay animales que muestran, a su manera, "sentimientos", mientras que muchos seres humanos parecen moverse por el instinto del predador. Cuesta asimilar que haya personas capaces de hacer tanto daño y gozar haciéndolo, pero la realidad nos demuestra que las hay, y muchas más de las que imaginamos.

Os saludo muy cordialmente.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Susan, acabo de leer tu comentario, después de haber contestado a los anteriores.
He llegado a la conclusión de que el recuerdo del pasado huye fácilmente de la memoria de los ambiciosos y, por otra parte, no me cabe duda de que esos conflictos se originan cuando hay intereses ajenos. Sin duda, los había en Yugoslavia cuando personajes como Milosevic y Tudjman, sobre todo, de acuerdo entre ellos o no, decidieron que sus países debían tener la supremacía sobre el resto de los pueblos yugoslavos. Prescindieron de Eslovenia, que es un país más mitteleuropeo que balcánico, después de un primer intento "light", y utilizaron los medios de comunicación para movilizar a sus respectivas poblaciones.
Como digo en mi artículo, en los serbios pesa el mito y el deseo expansionista, como en muchos pueblos que no tienen salida al mar y ambicionan tenerla. Movilizar a las masas (ya se vio con los fascismos de todo pelaje, incluido el estalinista) no es difícil, basta fabricar argumentos para convencer a la tribu y tener labia. Luego la bola de nieve va creciendo hasta que se produce la catástrofe, o hasta que alguno de los instigadores pasivos del conflicto decide que el juego está durando demasiado.
Los "daños colaterales", esa moderna definición de los horrores de la guerra, afectan sin embargo a los inocentes y destruyen los imaginarios colectivos de las poblaciones: exilio, deportación, huida, hileras de refugiados, campos de acogida... Eso no marca sólo a una generación.
Es horrible: he sentido un gran alivio cuando me he sacado de dentro un relato tan angustioso. Te agradezco mucho a ti también que lo hayas leído con tanto interés y hayas reflexionado sobre él. A veces, las palabras de un solo individuo permiten conocer mejor la historia que una colección de concienzudos y eruditos manuales; sobre todo si ese individuo ha sido, como Samir, testimonio de la historia.
Perdona que me haya explayado, me has dado pie para hacerlo.
Un abrazo cordial.

meg dijo...

Terrible relato Albert. Pone los pelos de punta. Y no podemos extrañarnos de que los odios de una y otra parte mantengan el fuego de la guerra soterrada encendido. Mientras esos odios no desaparezcan, la situación seguirá en el filo de la navaja. Pasa lo mismo en Palestina con Israel y en Ruanda entre hutus y tutsis...

No estoy de acuerdo en que Samir necesitara siquiatra. Creo que él mismo ha sido su propio siquiatra y se está imponiendo un propósito casi imposible: el de perdonar...
No sé si lo conseguirá...

Un saludo.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Meg: no sé si tienes razón sobre si Samir necesitaba ayuda psiquiátrica o no; tal vez la tengas, soy profano en estas cuestiones.
De lo que no me cabe duda es que del polvorín de los Balcanes salen muchas mechas y que, como bien dices, se mantiene soterrado el fuego de la guerra. Mi experiencia en Bosnia, sin embargo, y las conversaciones que he mantenido con ex yugoslavos me permiten albergar esperanzas, porque todos, casi sin excepción, culpan a "los de arriba" de la tragedia que vivieron. Bien es cierto que "los de arriba", que se conocen muy bien entre sí, comparten intereses, y que a algunos de ellos no les importaría atizar de nuevo el fuego si ello les beneficiara. Creo que Europa, cuyo papel en el conflicto fue nefasto, debería estar preparada para impedirlo. Croacia está a punto de integrarse en la UE; Serbia, Macedonia y Albania se van encaminando poco a poco hacia la Europa común (el coste para los demás será alto, económicamente hablando, pero ojalá que evite un coste mucho peor): sólo Bosnia y Herzegovina queda aislada por sus propias circunstancias de país dividido. Únicamente Europa y los Estados Unidos pueden evitar otras masacres, pero ¿confiamos en "nuestros" gobernantes y en su capacidad de actuar, llegado el caso? Pregunta crucial a la que no encuentro respuesta.
Palestina, Afganistán, Iraq, Ruanda, el Congo, Sudán, Tailandia..., pertenecen a otra órbita geopolítica: nuestro Viejo Continente debería emplear la sabiduría que, teóricamente, ha almacenado durante siglos. Y los dirigentes religiosos, responsables en gran medida de estos dramas, también deberían reflexionar muy seriamente.
Gracias también a ti por tu comentario y un saludo cordial.

Anne fatosme dijo...

El relato de Samir es escalofriante. No puedo dejar de asociar las secuelas psicológicas de Samir con los impactos de obus de la fachada retratada en tu foto, y su empeño en negarlas,con los visillos que lucen las ventanas de la misma fachada. Me ha emocionado el ser humano, sus carencias psicológicas,habílmente reflejadas en su manera de hablar,en sus silencios,en sus gestos. Un testimonio muy humano de daños llamados colaterales. Pena.
Amicales salutations.

Phivos Nicolaides dijo...

Hola amico. Interesting. Regards.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Thank you, Phivos, for your comment.
Regards.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Anne, gracias por haberte sentido afectada tú también por el horror del relato que he publicado, esa imagen sin nombre (pero, para mí, con rostro) de una víctima de la infamia.
Mi foto de los impactos es significativa, pero la devastación, en algunas ciudades, me resulta difícil de describir: barrios enteros del centro de Mostar (de la ciudad austrohúngara), por ejemplo, eran meras paredes fantasma, ventanas a través de las que sólo se veía el cielo, junto a las cuales era peligroso pasar (carteles en serbocroata e inglés lo advertían). No he querido añadir crueldad gráfica a la descrita, me ha patrecido que había llegado al límite.
Y lo repito una vez más: eso ocurría a apenas tres horas de avión de nuestras casas, en plena Europa, a finales del siglo XX. Occidente se lavó las manos, el presidente Mitterrand aterrizó en Sarajevo, abrió una brecha de esperanza, pero su avión depegó y no cambió nada: también somos responsables indirectos, de algún modo, de aquella tragedia.
Las secuelas, las cicatrices, están ahí, desparramadas por medio mundo, en las almas de los millares de exiliados que dejaron su tierra y a muchos familiares, de algunos de los cuales no han sabido nada más: demasiadas fosas comunes, demasiado silencio culpable y culposo, demasiado horror.
Ahora que se cumple el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, puedo decir con él: "Tanto dolor se agrupa en mi costado, / que por doler me duele hasta el aliento". Esa sensación tuve después de haber hablado con Samir, durante una noche insomne. Escribir esto me ha aliviado.
Un abrazo.

Jest nas Wielu dijo...

Albert Lázaro-Tinaut deixou um novo comentário na sua mensagem "Segunda Katyn da Polónia":

Una dolorosísima noticia. Me uno al dolor del pueblo polaco.

Sim, é uma gran tragèdia, em criden estou sentir um Polonès.

Proponho fazer uma sala de trossejar d'enllaços us nossos blogues.

JNW

P.S.
Estiva recents em Barcelona i adorei la Cidade, agora dic tots amics que Barcelona è uma cidade onde tudo é feito parà pessoas.

Desculpe mio Catalan, estoy usando el tradutor Google

chrieseli dijo...

Las cicatrices de la ciudad son tanto o más evidentes que las del alma. No me imagino una catástrofe más difícil de sobrellevar que una guerra. El miedo constante, el odio que crece día con día, las atrocidades, la carencia de todo, el dolor.
Tuve la oportunidad de conocer algunos "refugiados" serbios, que huyeron antes de los bombardeos masivos que hicieron añicos la ciudad. Me sorprendió el tono de sus voces, la expresión de sus caras cuando contaban detalles escalofriantes de los que estaba pasando. Podría decirse que se habían "acostumbrado". Pienso en ellos a veces y me queda la música de sus voces que no logra callar la voz inquietante que dice ¿para qué todo?
Un saludo

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Estimados amigos de Ucrânia em África. Acepto con placer que estemos vinculados. Ya he añadido el enlace de vuestro blog a los de mi bitácora TRANSEÚNTE EN POS DEL NORTE.
Reitero mi solidaridad con el pueblo polaco en estos dolorosos momentos y os hago llegar desde aquí mi saludo cordial.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Estimada chrieseli: los sentimientos de la población durante una guerra son ambivalentes. En Bosnia intentaron mantener una actividad lo más normal posible, entre otras cosas por dignidad, por no considerarse vencidos, sobre todo mientras duró el largo sitio de Sarajevo. Pero al mismo tiempo, muchas familias lloraban a sus seres queridos, que iban dejando sus vidas un día tras otro. Algo semejante ocurrió durante las otras guerras en Yugoslavia, incluida de la Kosovo. Creo que sólo después, al final del conflicto, esa aparente normalidad se transforma en dolor, en una enorme tristeza por lo que se ha perdido, sean familiares y amigos, sean las casas o incluso la propia tierra, si ha habido que exiliarse. Jamás seremos capaces de compartir de verdad los sentimientos de un pueblo que haya sufrido una tragedia, sea ésta una guerra, una represión política brutal o los efectos de las fuerzas desencadenadas de la naturaleza, como ha ocurrido recientemente en Haití y Chile.
Gracias por tu comentario y un saludo cordial.

Sharif dijo...

Buena entrada, aunque considero que la reflexión de lo que sucedió y sigue sucediendo tiene muchos matices. Yo estuve apenas en Kosovo y comprendo perfectamente porqué siguen habiendo serbios nacionalistas que se niegan a olvidar que fueron bombardeados, obligados a abandonar sus tierras ancestrales (Los monasterios ortodoxos son antiquísimos y tienen que se protegidos por soldados de la OTAN ante la violencia albana) desplazados, y perseguidos. De hecho el desplazamiento forzado de cristianos en Kosovo continúa y Bosnia dejó reultados similares. Los Balcanes son probablemente la última región de Europa en donde se es perseguido por ser cristiano! Y encima con el beneplácito de otros países.
Tema triste y complicado,esperemos que la violencia en cualquiera de sus forma sea erradicada.
Saludos.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Es evidente que todo necesita ser matizado, y estoy de acuerdo en que durante las guerras de Yugoslavia hubo culpables y asesinos en todos los bandos. Sin embargo Serbia, como uno de los instigadores de la violencia, paga ahora las consecuencias de su afán expansionista. La supresión de la autonomía de Kosovo fue un grave error por parte de Milošević, error del que los albaneses han sabido sacar muy buen partido tocando la fibra sensible de los serbios (por eso me refería al mito, el de la batalla del Campo de los Mirlos; lo de los monasterios es otra cuestión, y ahí te doy toda la razón).
En cualquier caso, mi artículo pretendía, sobre todo, dar fe del sufrimiento de unos ciudadanos que se encontraron inmersos en una guerra provocada "por los de arriba", del color que fueran. El entrevistado por el transeúnte hubiera podido ser muy bien serbio, croata o albanés.
Ojalá que la violencia fuera tan fácil de erradicar: odios e intereses se interponen siempre al entendimiento entre comunidades (a menudo tribales), y así ha sido desde que el mundo es mundo.
Te agradezco mucho el comentario, Sharif, pero del mismo modo que conviene matizar, no es bueno generalizar: no todos los musulmanes de Europa perseguen a los cristianos, aunque sí lo hagan sus representantes (a menudo ilegítimos aunque hayan sido elegidos mediante métodos "democráticos", entre comillas).

Andy dijo...

Cool blog :)
How did you get my e-mail?

JRonson dijo...

bonito blog, sin duda, la promesa de retorno q con más tiempo para leer todo:)

Daniele Verzetti il Rockpoeta® dijo...

Las guerras acaban casi siempre sin haber resuelto los problemas, como es el caso de la de Bosnia, pero dejan cicatrices profundas en los que las han vivido; unas cicatrices que permanecerán para siempre jamás en su espíritu, porque son indelebles.


Ecco una grande ed amara verità. Post davvero straordinario.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

ANDY: Thank you for your comment. Your e-mail is in Blogger!

JRONSON: Me satisface que te guste esta bitácora: gracias por haberla visitado y por tu comentario. Tu PLASTIC también es muy interesante, me he añadido a tus seguidores.

DANIELE: Ti ringrazio per il commento. Tante belle parole sui diritti umani, ma poi sono coloro che ne fanno più propagada quelli che permettono delle guerre "etniche" come quelle della Iugoslavia. Ambiguità e ipocresia!

Saludos cordiales a todos.

jusamawi dijo...

Vengo de hablar con Eduard de campos de concentración, nazis, Primo Levi y de la aniquilación de la humanidad de un ser humano. Vengo y me encuentro con esto.La historia se repite y por mucho que nos propongamos aprender, no lo hacemos.
Has hecho bien en no publicar fotografías espeluznabtes que distraigan la atención de lo que estamos leyendo. El testimio de tu amigo me ha enseñado sobre el conflicto de los balcanes mucho más que cientos de telediarios.
La necesidad de no odiar es el mejor ejmplo de que Samir quiere vivir, quiere seguir siendo un ser humano. Nadie podría criticar, y todo el mundo entendería que su comportamiento fuese otro. El odio sería lógico en quien ha pasado por pruebas como ésta.
La aniquilación de una persona comienza por su deshumanización.Eso lo supieron hacer muy bien los nazis y eso es lo que Samir ha evitado. su valentía es querer vivir y ser capaz de mirar sin odio.
No sé si necesita atención psiquiátrica, dudo incluso que sea recomendable.Lo que sí sé es que lo mismo que ha ti te ha venido bien contar esta historia que tenías guardada dentro, a Samir le vino también muy bien contártela y enfrentarse a lo que sigue siendo: un ser humano.No pudieron acabar con él mediante la humillación y el terror. Ahoara el odio tampoco puede. Es sobrecogedora su historia pero lo es también su voluntad de vivir, de escuchar a su hermana hablar y la de no volver a su país mientras las cosas no cambien.

ahora dijo...

Es un cuento muy personal, que mi impressionada mucho.
Ello no qire odiar.

Ti saludo cordialmente
Barbara

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Valoro mucho tu reflexión, jusamawi. Tu punto de vista, sumado al de meg, también me hace reflexionar a mí sobre la seguridad con que afirmé que Samir necesitaba tratamiento psicológico. Estar con él, escucharle entrecortándose, buscando las palabras, sufrir sus silencios, ver sus tics mientras se removía en la silla, fue dramático pero, a la vez, una tremenda experiencia humana y una lección de dignidad para mí. Sin duda, él era más fuerte que yo por el hecho de haber sido capaz de sobrevivir a su tragedia personal, pese a recordarla con multitud de detalles, que he obviado, y su deseo de no odiar, después de haver visto tanto odio a su alrededor.
No, nunca aprenderemos de la historia; por mucho que se haya escrito, dicho, filmado y fotografiado sobre los horrores de la segunda guerra mundial (por no hablar de otros), la humanidad reincide, seguramente porque lleva en su subconsciente la irracionalidad que esa pátina llamada cultura le permite disimular.
Hay muchos Samirs diseminados por el mundo, cada uno con su dolor a cuestas, y también ha habido otros, menos fuertes que él, que no han conseguido salir del agujero.
Gracias, pues, por contribuir a la reflexión, eso que nos distingue de los corderos y de los lobos, de los vencidos por la historia, aunque no sean conscientes de ello, y de los que creen estar por encima de las grandes verdades. Y, sobre todo, de los que no son capaces de reprimir su necesidad de odiar.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Te doy la bienvenida a esta bitácora, Barbara, y te agradezco que me hayas leído y hayas dejado tu comentario. Siempre serás bienvenida a este espacio virtual.
Un saludo afectuoso.

Luchana dijo...

Tu historia me ha dejado muy angustiada ya que la explicas con mucho realismo y detalles que me han sobresaltado por su horror. No sospecho que sea cierta porque si no serías un escritor con una imaginación admirable. Pero hay una parte que queda en el aire y que es desde que encuentran a los soldados extranjeros hasta que llega a Francia y no se sabe que pasa, como consigue salir de su país en plena guerra, eso es lo que no me cuadra.
Un abrazo a pesar de haberme hecho pasar un mal rato y enhorabuena por tu blog, que se sale de lo corriente y en el que he entrado por recomendación de una compañera.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Luchana, te aseguro que la historia es verídica, y que si se produce ese salto en el relato es porque me pareció irrelevante el modo como pudo llegar a Francia, y tampoco me lo explicó con mucho detalle. Lo que sé es que llegó a Francia a través de Suiza (tal vez con la intermediación de la Cruz Roja Internacional, pero es una simple deducción mía), y poco más.
Lamento que esta terrible historia te haya angustiado; a mí también me dejó tocado y no pude cerrer ojo en toda la noche. Explicarla me ha aliviado mucho.
Gracias por haber visitado esta bitácora; espero que continúes viniendo por aquí.
Un saludo cordial.

Ciprian Drăghici dijo...

Walking around! Greetings from Romania!

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Thank you, Ciprian!
Regards.

el viajero impresionista dijo...

Nunca olvidaré los gritos de terror y las peticiones de ayuda a la cámara de un grupo de musulmanes, con el enemigo a las puertas de Srebrenica, estaban atrapados.
Quien hubiera podido meter las manos en el televisor y sacarlos de allí a todos, pero las cosas no suceden así. Saludos

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Viajero, recuerdo esas imágenes, y otras de asesinatos "en directo" que pudieron verse por la televisión; pero te aseguro que en Bosnia vi otras imágenes aún más horrendas, que no se borrarán jamás de mi memoria. Demasiados crímenes contra la humanidad y muy pocos inculpados, cuando fueron miles los asesinos...
Saludos cordiales.

Bruno dijo...

Hola !

Pruebo a escribir en espanol, perdona mis errores y mi teclado...

El post es muy interesante, sobretodo el testimonio directo de este hombre bosniaco.
Los balcanes son una mezcla increible de lenguas, religiones, poblaciones y culturas diferentes, tienen una historia compleja y, solo en el siglo XX, cinco guerras. Esperamos en el trabajo de Tadic para mejorar la convivencia entre los estados de la ex Jugoslavia.

Sobre el Kosovo tengo que hacerme una opinion mas definida, tambien porque es el argumento de mi tesis de laurea... "il riconoscimento internazione del Kosovo"...

Saludos !

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Ciao Bruno!
Gracias por tu comentario y tu esfuerzo para escribirlo en castellano.
Efectivamente, el mundo balcánico es muy interesante por esa mezcla de pueblos y culturas... que al final resulta explosiva. Yo también me estoy interesando por aquella zona y quiero visitarla mejor (sólo he estado en Bosnia y Bulgaria).
Sin duda, Kosovo es una cuestión "fuori norma" sobre la que hay muchas opiniones distintas. Es un país en el que subyacen intereses muy particulares: militares y estratégicos (los Estados Unidos tienen allí su mayor base militar en Europa, como sabes muy bien) y "mafiosos", con todo tipo de comercios y tráficos.
Antes de la independencia publiqué un artículo sobre Kosovo en Italia (vedi http://www.dazebao.org/index.php?option=com_content&task=view&id=1711&Itemid=108).
Un caro saluto e buon lavoro con la tua tesi di laurea, che mi piacerebbe conoscere (quando sarà pronta).

Reeh dijo...

Hola!!
mutchas gracias por tu comentario!
vuelva siempre!!
Segui usted!!!

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Gracias a ti por haber visitado esta bitácora y por el comentario que me has dejado.
Un saludo cordial.

GRZEGORZ dijo...

Bardzo dobry artykuł. Dziękuję za zaproszenie i pozdrawiam ciepło.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Thank you for your comment, Grzegorz. Sorry, I can not reply you in Polish...
Best regards.

Carmela dijo...

Conmovedora y dolorosa historia .
Samir , con tratamiento psicológico o sin él, no podrá jamás arrancar de su esencia lo vivido.
Es una cicatriz indeleble.
Y es evidente la barbarie de esa guerra.
Estremece tanta crueldad ... denominador común de todas las guerras.
En esa época yo estaba en el norte de España y recuerdo que aparecían bosnios buscando refugio pero los detalles de la masacre y de los abusos perpetrados se conocieron después.
Desgarrador testimonio histórico.
Es muy duro pero es necesario conocerlo porque forma parte de una página cruenta de la historia .

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Tienes razón, Carmela: lo que ocurre durante una guerra, mientras ésta dura, se puede suponer, pero en gran parte se desconoce. Son los testomonios humanos, como el de Samir, los que permiten escribir la "historia pequeña", la de los pueblos que son víctimas de las peores atrocidades, de la bestia que subyace bajo nuestra apariencia humana.
El testimonio que publico es, sin duda, desgarrador, pero, como dices, necesario que se conozca, tanto para su protagonista como para quien lo ha escuchado.
Agradezco infinitamente la complicidad de tu comentario.

POEMAS DE FRANCISCA AVARIA M. dijo...

El grado de maldad que puede alcanzar un ser humano ya no me asombra, pero si lo hace la capacidad de seguir caminando de los despojos de las victimas de tanta atrocidad.

/Hay sangre de todo el que pisa la tierra/ las aguas tiñendo, mojando senderos/........./

Saludos de Francisca.

Carmela dijo...

Es evidente que existe en cierto género humano una tendencia innata a la violencia y al sadismo.
Quizás profesionales de sociología o de psiquiatría podrían analizarla con tino y acierto.Profundizar en los laberintos humanos que generan perversos episodios "sin retorno".
Uno de los tantos ejemplos de la crueldad gratuita es la historia de Samir.
A tan corta edad ver el cuerpo de su padre acribillado y no poder acudir a su lado es un testimonio escalofriante.
Sería una secuencia estremecedora digna de insertar en un film testimonial de índole histórica y social.
.."Hay sangre de todo el que pisa la tierra..."...Francisca resume con estas palabras lo que implica la guerra.

Patricia 333 dijo...

Desde afuera se oían las carcajadas y las burlas de los soldados, sus insultos y amenazas, entre las cuales hacían la broma de apostar quién de ellos sería el primero en violar a mi hermana; uno dijo: “¡Y a la mujer también!”,



Porque algunos seres humanos no tienen sentimientos ?? porque pueden llegar a tratar de una manera salvaje como lo hicieron estos soldados .... No lo se

Y yo que digo que he sufrido mucho , con esta historia real solo me queda pensar que
no he sufrido nada ,que lo que yo he vivido no se compara con lo que estas personas vivieron

Estoy pensando en la hermana de Samir una niña como tantas otras que vivieron estos horrores

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Francisca: lo peor es que nos estamos acostumbrando a la violencia porque la vemos todos los días a través de la televisión, con lo cual se nos endurece la piel y, aunque no nos lo propongamos, miramos hacia otro lado para no angustiarnos con el sufrimiento de los demás.
Los despojos humanos a los que te refieres, después de tanto sufrimiento, lo único que desean es sobrevivir. Los más fuertes lo consiguen, pero un gran número de ellos se suicidan (es el caso, por ejemplo, de miles de mujeres violadas sistemáticamente por los soldados).
Duele tener que reconocerlo, pero en cierto modo el no saber reaccionar nos hace un poco cómplices de esa maldad.
Agradezco tu contribución a este debate. Un saludo cordial.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Carmela, los no violentos no tenemos otras armas que la voz y palabra, y éstas no hieren a quienes hacen oídos sordos y no se interesan por lo que opinan las minorías (que, generalmente, hablamos para otras minorías). Nos equivocamos si creemos que la ciencia (y aquí me refiero a los sociólogos y los psiquiatras que mencionas) tiene capacidad para evitar que los humanos seamos tan crueles. Los nazis, por ejemplo, ya experimentaron para controlar la conducta humana, pero lo hicieron siniestramente, con la infame finalidad de crear seres obedientes, incapaces de oponerse al poder establecido (es decir, de convertirnos en mansas ovejas). Todo cuando pueda hacer la ciencia me asusta un poco.
Hemos de aceptar nuestra condición de predadores, de animales territoriales, de "primitivos", en fin. Sin embargo, es bueno que debatamos estas cuestiones y que se conozcan casos tan crueles como el de Samir: si con ello conseguimos que alguien reflexione y reaccione, nos podemos dar por satisfechos (ser realistas significa eso, no mucho más).
Gracias por contribuir con tanto interés a este debate.

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Patricia, ¿sabes qué es lo peor de todo? Esos muchachos, antes de vestir el uniforme militar, seguramente eran personas normales, incluso incapaces de matar una mosca. Pero cuando los enrolaron y les enseñaron a matar, a ser crueles, sufrieron un lavado de cerebro tal que luego ya no fueron los mismos. Sobre esto se ha escrito mucho, y no dudo que sea cierto. Las reacciones instintivas que todos llevamos dentro se pueden "activar", y hay métodos muy eficaces para que un animal manso se convierta en una fiera sanguinaria. En la naturaleza ocurre, por ejemplo, con los perros asilvestrados, que han dejado de ser los mejores amigos del hombre para convertirse en sus asesinos. No hay mucha diferencia entre un ser irracional y otro racional al que se le permite descubrir las "virtudes" de la irracionalidad. De pronto tienen un poder que no tenían y se saben impunes, porque "en la guerra todo vale". Si han sobrevivido, probablemente sean ahora personas normalísimas, y quién sabe si con remordimientos por lo que hicieron.
El hombre uniformado y armado, que debe cumplir órdenes, deja de ser un ser humano, se convierte en un guerrero a veces depravado. Si no, ¿por qué se dio la consigna a la tropa de violar a todas las mujeres que encontraran a su paso? ¿Por qué obedecieron? Los estrategas saben desde siempre que una mujer violada es una mujer vencida, que puede ser incluso despreciada por los suyos, en ciertas sociedades. El dolor se puede causar incluso sin armas, y la depravación, cuando se inicia el juego de la muerte, se apodera de todos por igual.
Por supuesto, no defiendo a esos soldados, pero puedo llegar a comprender por qué llegaron a extremos como ése cuando antes eran, en su mayoría, ciudadanos normales y corrientes, que habían ido a la escuela y tenían familia: madre, hermanas, incluso hijas...
Y en cuanto al sufrimiento personal, lamentablemente siempre es superado por otro mucho peor. De los crímenes que se cometen todos los días en el mundo (incluyendo la tortura física y psicológica) apenas sabemos nada.
Me resulta muy duro llegar a esta conclusión, te lo aseguro, pero no puedo entender las cosas de otra manera cuando intento racionalizarlas.
Gracias, Patricia: un abrazo cordial.

Patricia dijo...

Albert gracias a ti por todo lo que me has explicado , lo entiendo .

Tienes razon

Un abrazo estare por aqui leyendo

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Gracias de nuevo, Patricia, por tu fidelidad a esta bitácora.
Un abrazo.